miércoles, 22 de diciembre de 2010

Un año sin “el viejo”


El tiempo pasa volando es una frase que hemos acuñado para referirnos a las cosas que pasan y vemos pasar. Para significar que antes vivíamos menos de prisa y había tiempo para disfrutar de un atardecer, de una gaseosa o para hablar en familia sobre temas de actualidad y darle rienda suelta a las añoranzas. Hoy siento que el tiempo pasa volando al ver mi calendario y me doy cuenta que hace 12 meses atrás mi padre, un hombre a quien Dios le concedió la dicha de vivir 95 años estaba en los estertores de sus días finales y se hace entonces inevitable traer a la mente tantos y variados momentos que junto a mis hermanas vivimos al lado de un cundinamarqués de nacimiento, pero caldense de adopción, de memoria prodigiosa y caligrafía envidiable que amó con intensidad y lo amaron de la misma manera como veneró a su Partido Liberal al que nunca pudo dejar y al que siempre nos recomendó seguir.

Hoy recuerdo que gracias a su afición por las noticias de radio, a su lectura semanal de El Pueblo, El Espectador y El Tiempo, quien hoy escribe estas líneas obtuvo su gusto por el periodismo y las letras, pues cada fin de semana eran inevitables las pruebas de lectura, escritura y ortografía que siempre premiaba con un dulce o castigaba con una mirada profunda que parecía quemarlo todo.

Como buen paisa mi padre era conversador, y con él los temas iban desde la historia de Colombia, la geografía, la literatura y claro está la política, pero debo ser honesto y decir que en este último ítem no me confiaba mucho, pues la historia de la violencia solo la contaba desde el lado liberal.

Un año después de su muerte que se cumplió justamente el nueve de diciembre , siento que sus enseñanzas siguen ahí latente, que sus palabras y sus directrices continúan marcando mi vida y que cada visita a la casa de mi madre es la oportunidad para verlo imaginariamente sentado en la silla roja, con sus gafas oscuras y su bastón esperando a recibirme para decirme, “hola papito como le ha ido” y sentir sus manos de piel, desgastada por los años acariciándome.

365 días después de su partida escribo estas líneas en memoria de Oliverio Castillo Robayo el hombre que Dios me dio como padre, a quien amé intensamente y al que le debo la picadura de este bicho del periodismo gracias a que fueron muchas madrugadas que me desperté con una fanfarria noticiosa y un locutor que siempre decía “Noticiero Todelar de Colombia” un mundo de noticias para un mundo de oyentes, Nos oyen y nos creen”. Gracias Papá, descansa en paz.

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Tuluá, Valle del Cauca, Colombia
Periodista tulueño nacido en el barrio El Porvenir. Desde hace 17 años se encuentra vinculado a los medios de comunicacion donde ha cumplido con trabajos de reportero, coordinador de emisión y Director de espacios en La Cariñosa de RCN, CARACOL Tuluá, la Jota Estereo y CTV Noticias. Docente por nueve años de la Academia Comunicar y Corresponsal deportivo de El Pais de Cali y redactor- director de EL DIARIO El Picacho.