En el 2014 con la
bendición del Creador llegaré a mis 20 años de ejercicio en la labor periodística y desde cuando era un reportero al servicio
del Noticiero Alerta Valle del Cauca he venido escuchando hablar y hablar del
Aeropuerto Farfán y que hace algunos años
por propuesta del abogado Fernando Caicedo Ochoa cuando oficiaba como Concejal de esta Villa de Céspedes adoptó el nombre
de “Heriberto Gil Martínez” en honor al máximo exponente de la aviación
nacido en estas tierras.
Hoy dos décadas después se vuelve a dar un debate en torno a un
proyecto de acuerdo presentado por el Gobierno Local ante el Concejo y donde se
piden facultades para disolver y liquidar la Junta Administradora
creada para el aeródromo tulueños en el
2002 y que junto a la vetusta torre
control se convirtió en un elefante blanco y la verdad hay que decirlo ciñéndonos
a los conceptos de los expertos continuará siendo solo eso, un bien que muchos
consideran un “patrimonio” de la municipalidad
, pero que desde mi humilde opinión no es mas que otra “guaca” en la que se han enterrado
millones de pesos y que no tiene un futuro
claro.
Lo que si comparto con los Concejales que abordan el estudio de
la iniciativa es que las facultades
pedidas por el alcalde José Germán Gómez García deben ser mejor sustentadas,
pues tal como lo plantea el último párrafo
de la exposición de motivos del proyecto
de acuerdo es un cheque al portador que
puede volverse riesgoso.
También es menester que el Ejecutivo establezca con claridad que está pensando, pues a la par que presenta el proyecto ante la Corporación Edilicia,
inscribió ante el Contrato Plan el Aeropuerto
Farfán como uno de los proyectos a
desarrollar.
Yo soy partidario que ante la casi nula posibilidad
de poner a funcionar un aeropuerto que por demás se quedó incrustado en el
casco urbano de Tuluá se convierta en un
parque de atracciones, en un Diver-City que seguramente traería a Tuluá a miles de
personas que habitan en la región central del Valle del Cauca reactivando la
economía.
Seguir insistiendo en la reactivación es persistir en un embeleco sostenido por décadas por los que hablan de PATRIMONIO TULUEÑO.
