Sin duda alguna la noticia del
fallecimiento del presidente Hugo Rafael Chávez Frías que todos esperábamos desde hacía meses, terminó
sorprendiendo a un globo terráqueo convulsionado con el caudal de noticias y que desde hace ya 60 horas gira en torno a
la desaparición del caudillo venezolano que soñó con ser Bolívar, que cambio el
panorama político en el continente y que sumó seguidores y detractores por cantidades iguales.
Desde diciembre, cuando dio su última alocución en los
estertores de su vida, el mundo extraña su voz. Sus frases desafiantes, llenas
de esa vanidad humana tan nuestra, sus
desafíos al ser supremo y sus andanadas
contra sus críticos ya son cosa del pasado,
ese pasado que se convertirá en historia que sin duda las futuras generaciones
consultaran para saber quien fue el
hombre de origen humilde que revolucionó un continente, expropió a los
poderosos en Venezuela y conquistó con astucia el corazón de los pobres.
Yo no soy chavista ni anti chavista. Me ubico en el escenario de
quienes vieron el transcurrir de un líder que se enfrentó a la opulencia del
poder, que silenció y exilio medios de comunicación, que soñó con la perpetuidad, pero olvidó que el poder
es de los bienes mas efímeros que la vida nos brinda.
La hegemonía solo duró 14 años. Hugo Rafael Chávez Frías,
el comandante que hoy llora medio país y por el que otro tanto baila y canta de alegría, se creyó inmortal pero la
vida le pasó factura.
Ya no importarán sus palabras
llena de cicuta, ni sus canciones llaneras, sus palabras contra Uribe y otros
gobiernos. Hoy Chávez está en el lugar donde estaremos todos un día, en ese
lugar donde todos somos iguales, donde no importa la fortuna, la fama, los
amigos, el poder y sus alcances. El presidente venezolano está en la transición
aquella que todos daremos para cumplir con la sentencia bíblica: polvo eres, y
en polvo te convertirás. Es el triste final para quien jugo a ser dios y terminó como un mortal mas. Hasta siempre
COMANDANTE.

