La verdad me tome unos días para escribir estas líneas para hacerlo desde una actitud reposada, serena, sin el apasionamiento y pensando en algo que me inspira y me mueve gran parte de mi tiempo como lo es el fútbol y mas que el balompie mi gusto por el América de Cali, la institución con la que me enamoré de una disciplina que lamentablemente hoy se volvió una industria netamente mercantilista y donde los dueños se olvidaron que estaba concebida para el divertimento de la gente que el fin de semana o a mitad de la misma buscan un oasis para escapar a la cruda realidad.
Por esa razón quiero decir que me apego en esta nota a una recomendación que un desprevenido seguidor del fútbol quien me escribió en el muro de mi Facebook que la primera tarea a emprender para iniciar el camino de vuelta a la primera división es dejar de lado la arrogancia y reconocer que el equipo de mis entretelas está en la B y que como tal se debe afrontar el torneo, es decir, dejar de pensar como si estuviéramos en la A.
En ese orden de ideas uso un segundo comentario hecho por el connotado comentarista Marino Millán el día en que se le ganó a Uniautónoma, pero sin que se diera el milagro en Bogotá. Esa noche Millán apegado a un pasaje bíblico que invita a construir sobre la roca, sugirió adelantar un proceso con humildad, con jugadores y técnicos que le tengan la idea y conozcan el Torneo de Ascenso que al parecer si tiene sus vericuetos y complicaciones.
No es tiempo de mirar atrás. Los TRECE títulos logrados, las cuatro finales de Copas Libertadores, la Merconorte, los subtítulos logrados en Colombia, los torneo ganados en los Estados Unidos y otros tantos logros mas estarán por siempre en las vitrinas y de ahí nadie podrá sacarlos y el escudo con diablo o sin él seguirá marcado por 13 ESTRELLAS.
Ahora es tiempo de mirar de frente, construir de nuevo y conquistar a una afición que con estoicismo ha soportado este infierno de la B.

