Aunque desde algunos sectores veladamente y en algunos casos de forma directa han pretendido que los medios maquillen la realidad de lo que pasa en Tuluá con el manido discurso de no afectar la imagen de la ciudad, resulta imposible hacerlo y menos ahora cuando la delincuencia organizada empieza a causar daños irreparables en el sector comercial, el puntal de nuestra resquebrajada economía local.
En mayo el blanco fue el legendario y casi mítico Almacén Singer de don Octavio Arias, luego otro petardo estalló en la 30 y en las últimas horas el objetivo fue la casa de don Said Barrios uno de los pioneros en el mercado de los víveres y abarrotes de Tuluá y la Región.
Lo anterior sin mencionar que en Marzo las balas acabaron con la vida de Carlos Wagner, qué cinematograficamente se robaron una millonada del Banco Agrario, que asaltaron la casa de Gustavo Alvarez Gardeazabal, amen de los robos continuos de pequeños negocios, celulares y hasta baratijas en las calles de esta Villa.
Por esa razón las autoridades y gremios locales mas allá de pretender que los medios vendamos la sensación de que estamos en ALICIA EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS deben optimizar el trabajo de inteligencia y crear una estrategia que le rompa el espinazo a la delincuencia que ya se campea y afecta a la gente de bien a los pequeños, medianos y grandes comerciantes, muchos de ellos pensando en irse ante las presiones peligrosas.
Es hora que las reunionitis tan común en esta Villa muestre resultados y evitar que unos pocos amparados en la oscuridad acaben con la gallina de los huevos de oro que en este caso es el COMERCIO que de manera estoica soporta los embates de la delincuencia.

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