Hoy la ciudad de Tuluá vivió una situación tan peculiar como dolorosa. En la parte interna de la Plaza de Boyacá,la misma que se alista para cumplir 90 años, una ostentosa carpa de circo construida para albergar tecnologìa de punta mostraba el poderio del Estado para movilizar equipo técnico y recurso humano con el cual contarle a una sociedad cuanto hemos avanzado en el uso de las herramientas y en el programa presidencial "Gobierno en Linea" y al frente un puñado de familias con carteles hechos a mano mostraban los rostros de colombianos y colombianas que sucumbieron durante la arremetida de las AUC y que en pocos días cambiaron los verdes campos y los ríos cristalinos por desiertos y manantiales de sangre,la inmensa mayoría de campesinos cuyo único pecado fue el tener que haber vivido en medio de dos fuegos, dos fuerzas, dos enemigos.
Todos, atraidos quizas por el colorido de la carpa y por la cara de "ponque" que exhibian los anfitriones querian ingresar e hicieron largas filas... y unos pocos posaron su mirada en los carteles que reclamaban justicia y que blandian como espada justiciera, el rostro con la mirada perdida de Andrès Robledo, un joven montañero que soñó con un campo mejor y que cargó en su "lichigo" las esperanzas de LOS YARUMOS, organizaciòn de base extinguida por el fuego paramilitar.
El cuadro de ayer bien podrìa compararse con el capitulo biblico del gran banquete que se servía en la casa del hombre mas rico,mientras que un pordiosero recogìa las migajas y calmaba su hambre... solo que el hambre de las victimas de los PARACOS está concentrada desde hace 10 años y es un hambre causada por la injusticia de un estado que hizo las leyes para favorecer a los agresores y dejó a los agredidos solos, viviendo en tugurios disfrazados de planes de vivienda y recibiendo un mercado que no alcanza para dos días... El 31 de Julio de 1.999 los PARAS entraron a la MORALIA y desde entonces todo cambio... para mal.

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